lunes, 6 de noviembre de 2017

Inmigrantes: un asunto de supervivencia



La historia de Lucinda comienza desde la fecha de su nacimiento en 1967 y la personalidad que ella misma se fue labrando desde su juventud, hasta aquella tarde cuando llego a California, en el mes de noviembre del 2009,  y aunque nadie supo nunca su historia ni el nombre con el que nació, de modo que, de esta forma tan anónima se construyo un nombre con el que ella misma se ha ido vistiendo por  mérito propio, debo reconocer que le ha dado un valor intrínseco a la chica y que he llegado a saber tanto de ella que me otorgo  el derecho de ser su vocera.
  Poseedora de una sonrisa contagiosa que llena hasta los mares y de un andar cadencioso que le ilumina el esqueleto a cada paso que da. Tiene un don de gentes y habita dentro de ella algo sobrenatural que le empuja y le da fuerza, porque es intuitiva y escucha de vez en cuando su corazón con sinceridad y atención. Son las voces de la tierra las que le ha visto nacer y crecer hasta dar su fruto, de esta manera, lúcida, ha entendido muy bien su destino y lo asume con bastante dignidad  y  aplomo  en su mirar. Ella posee también su propia rosa de los vientos que le ha llevado muy lejos  en su andar, cruzando otras fronteras. Su Fe va en crecimiento y  cuando mira en lontananza su vitalidad bendice su camino.
Es andariega por convicción,  gracias a ello transita por esta y otras ciudades  donde van sus pasos y sus pensamientos en busca de sí misma y del amor que por estos tiempos, lo confieso, estará  a punto ya de tocar a su puerta. Magdalena Gómez Blanco es su nombre en términos reales y, aunque luce esbelta, es más bien por la pobreza imperante del willderness y no por sus méritos en un gimnasio. Es atractiva e interesante: con sus enormes ojos marrón como vitrales por donde se reflejan sus pensamientos más íntimos y traviesos  que resaltan en ella esa paz que sobrepasa todo entendimiento; esa paz que solo Dios nos puede dar y que Lucinda ha descubierto en su largo peregrinaje hacia el descubrimiento de sí misma.
Lucinda viste siempre con sencillez, es la típica mujer que piensa que unos Jeans y una blusa de manta "pal calor", están bien. Lleva siempre un paño atado a su cabeza que en forma de serpiente desciende de su nuca a los hombros y termina  su escote en punta. Las delicadas sandalias que calzan sus pies con pedrería barata le roban la atención  a cualquiera en cuanto ella se presenta en escena, y lleva siempre un morral autóctono en forma de huipil al hombro como su tótem personal y dentro de este sus libros y objetos personales junto a una  biblia que le acompañan en su andar . Cuando el viento en contra  invade la situación es distinta. Escondida en un montón de mantas, como quien intenta ocultarse de algo o de alguien, Lucinda camina erguida y ruinosa como si fuera un árbol   a punto de mudar sus hojas en otoño. Sin duda es un espectáculo viviente para los demás peatones  que buscan de solidas experiencias a través de las Drogas y las armas que omniscientemente poseen algunos. Así ha andado por la vida, provista de toda naturalidad y cándida alegría, sin miedo y sin más arma que la propia actitud que por instantes se torna nube oscura o tormenta de arena  que la invade, y de la que según Nélida Paz, su hija, afirma: "un buen día mi  madre descubrió la gracia, la misericordia y el favor de Dios", atinaba a repetir Nélida  con ironía y sarcasmo hace  tiempo, cuando era una escéptica adolescente de menuda estatura y enormes ojos oscuros que siempre han estado atentos a los días y noches como un tecolote.
Magdalena Gómez Blanco, o Lucinda, como le gusten llamar, nació en la hereditaria cuna del idioma español, ese que se enrosca juguetón en las palabras, el idioma del recuerdo de la conquista bajo los días del nuevo México, del arroz con leche y la sandia roja y jugosa por las tardes del nuevo mundo.
Desde muy joven tuvo que enfrentarse al abandono del padre, ha pero eso sí cuando tuvo varios enamorados durante su juventud  rondándola como moscardones, era  el mismo quien hacia todo lo posible por  mantenerlos a distancia y su madre analizaba con la lupa inexorable de las cartas del Tarot, recuerdo con el que ha tenido que lidiar siempre y pareciera que el tiempo jamás  había estado girando de su lado, pues gracias a él "La doña ",  como no le gustaba que le llamaran ahora, había adquirido una sonrisa contagiosa que a pesar de los años vividos, los descalabros , tropiezos y malas elecciones que hizo en el pasado, había  sobrevivido en sus labios y, aunque ahora es una mujer temerosa del poder de Dios  gracias a que persistía en su búsqueda constante del poder y bendición divinas , su carácter y disposición se han vuelto bastante sólidos, hablando en términos estrictamente espirituales. Ahora las cosas se aprecian distintas. Con la madurez y experiencia que acumulo a través de estos años. Fue tejiendo un sentido del humor con el que diseccionaba todas las experiencias dolorosas; era ese catalizador que la había hecho crecer y darse cuenta de las cosas verdaderamente importantes y por las que hubiera valido la pena luchar siempre.


A Lucinda se le fue iluminando la sonrisa a través del tiempo, y solo a través de este era que  ella había aprendido a vislumbrar la vida con otro matiz  que le  iluminaba los días, las tardes y las noches que ella se propusiera conquistar. Esta vez era la noche y a ella solo se le ocurría extender sus brazos en señal de agradecimiento, para saludar ese mar inabarcable que la  hacía meditar bajo el cielo estrellado mas allá de su conciencia como una alabanza a su Dios padre.
“Dime vida mía, porque no hay estrellas a la luz del día”…

Cuando Nélida Paz era una bebe Lucinda jugaba con ella cantándole canciones de cuna y le hacía arrumacos en la madrugada cuando se despertaba asustada llorando bajo el manto oscuro del cuarto. Aunque Nélida no era una niña asustadiza, le gustaba más bien conversar entre sueños y su madre ya la había escuchado hablar dormida. Juntas jugaban con el ciclo de los días,bajo el sol de Monterrey,” organizándolos como las cuentas de un collar, como espirales de espuma que les hablaban de otras mareas lejanas a su entendimiento, de los futuros días que estarían por llegar algún día y ese día había llegado ya para ambas: Lucinda temía lo peor, la separación inminente que había llegado con el transcurso de los anos  en los que los compromisos y actividades de cada una las separarían.  Lucinda recorriendo ciudades, evangelizando a los caídos. Nélida Paz en la universidad de Nueva York con sus estudios de Danza folklórica, su manejo de dos o tres instrumentos que ya había aprehendido a tocar en compañía  de su maestro y compañero de vida en la actualidad, Xicomecoatl Yolitzin, (¡que nombrecito!) Indescifrable e impronunciable para Lucinda;  danzante azteca y maestro de música tradicional mexicana con quien también  vivía y compartía la experiencia de la música.  

La música siempre fue importante en la vida de Nélida, chica menudita de sonrisa traviesa, tan curiosa como un gato. “Mi beatle juice,” comentaba Lucinda de puro gusto cuando la veía ir de un lado para otro manoteando hacia todas direcciones como tratando de explicar el mundo. Nélida vestía siempre de negro, con faldas cortas y unas botas estilo gótico  que le llegaban casi a las rodillas, una bufanda a rayas horizontales con la que anunciaba el invierno y con la  boca de raspberry siempre y el aliento de menta que invadía el ambiente.  El océano de su mirada tenía un horizonte amplio y magnificente, sus pensamientos eran como palomas porque volaban muy rápido sobre su cabeza  por esa razón Lucinda temía  su partida algún día.
 
Esa era su hija, la que había concebido con amor y con cierto pintor expresionista  famoso en el D.F, maestro de pintura y grabado en “La Esmeralda “, por eso a Lucinda no le extrañaba para nada la inteligencia y desempeño de la chamaca. Si había alguien siempre inteligente en su clase era ella. Era bilingüe desde muy pequeña    y Lucinda se  lo celebraba todo el tiempo; La joven de piernas cortas y manos cálidas al saludar fue el orgullo de su madre por aquellos años  .
Perras                               
Era uno de sus primeros días en el colegio y acababa de llegar a  Houston cuando Yajaira, una adolescente de tercer grado la miro por primera vez y se acerco a la chica que la miraba como retándola, confieso que esa era siempre la mirada vivaz que había en Nélida que de paz no conocía mucha por aquellos tiempos y a Yajaira no le gusto esa actitud, así que de una vez y sin preámbulos  arremetió contra la muchacha jaloneándole el cabello brutalmente.

- te voy a romper el hocico, cabrona perra chiflada.
Apenas si alcanzo a advertirle porque ya estaba encima de ella. Nélida Paz era otra fierecilla oculta en la maleza,
- Órale pinche naca, que te traes, yo ni  te conozco,
-pues me vas a conocer perra.
y Nélida, desplegando sus garras, en un acto reflejo y  de un zarpazo astuto le arañó  el rostro, lo suficiente como para dejar  a Yajaira desorientada y sin visión por unos minutos. Era su primer día de clase y Nélida  ya había presentado cartas desde ese momento.
                                                                         
Yahaira  tenía ya suficiente experiencia fuera de clase, la calle fue siempre su sitio donde se vendía para comprar sus drogas. La muy oriunda de El Salvador, tenía ya esa fama impresa en su piel como un tatuaje que todos podían notar a simple vista. Ya todo el género masculino la conocía porque ella era de armas tomar y ya había pasado por todas las armas de su generación y hasta de dos generaciones más arriba.
Le llamaban “La extranjera” porque sus padres la trajeron a los Estados Unidos casi desde que era una bebe y aquí se crio. La llevaban todos los días a un “Day Care” porque sus padres trabajaban un montón
y entre los dos pagaban la renta y los biles de su casa. Esta es la realidad en este país tan duro y tan bendecido a la vez por la eficacia de sus leyes, así que aquella niña de piel color de miel y cabellos tan negros como la noche creció en completa soledad, sin riendas ni límites y con el conflicto no resuelto del abandono de sus padres. Por esta razón, Lucinda se identificaba mucho con ella aunque sus vidas habían sido paralelas y cada una había tenido un destino diferente
Septiembre era  una fina línea que se trazaba en el horizonte y amenazaba con desatar una tormenta. La fresca noche en San Francisco se colaba por los ductos del aire y llegaba puntual hasta la cama de Lucinda, en el shelter del “Sanctuary”, donde ella se hospedaba; había tenido que acostumbrarse a los días neblinosos y con mucho viento de aquella ciudad santuario en los que alguna gripe o catarro se disipaban.
- No entiendo esta ciudad, parece que nunca terminare de acostumbrarme.- La oí repetir constantemente mientras vagaba en el frio de la tarde sobre los callejones cargados de “grafiti” y las esquinas de las calles congregadas de jóvenes holgazanes  haciendo loitering con una pequeña mochila al hombro, celulares, una pequeña motocicleta a la distancia, con aretes en ambos oídos y los pantalones caídos hasta la cadera. De todas las razas y nacionalidades, a Lucinda le daba la impresión de que siempre estaban a la espera de algo o de alguien que llegara a interesarse por su mercancía: crack, mariguana, cristal, heroína, LSD y anfetaminas. Lucinda supo cómo sobrevivir a eso porque las drogas simplemente nunca le llamaron la atención.
Debió ser el otoño del  2010 cuando  sus pupilas reflejaron el tono grisáceo de algunas avenidas solitarias y  el aroma a mariguana que impregnaba el aire en las calles; donde Lucinda podía percibir  ese olor a pasto quemado que la retorno  a sus días de juventud allá en Monterrey, cuando la probo por vez primera, ese contener la respiración y soltar el humo, para después poder mirar el mundo lejano y no sentir el cuerpo de verdad, después vagaba, se distraía y cuando volvía en sí tenía demasiada hambre y comía y la comida, recordó  entonces la disfrutaba con ese sabor primigenio de quien recuerda que hace ya tiempo no ha comido y al comer de nuevo le sabe buenísimo, si sin duda se come delicioso después de un buen churro  admitió Lucinda murmurando entre dientes; mientras su rostro dibujaba una mueca y ella  se desprendía el enorme chal rosado que la protegía del invierno para entrar anónima en  la cafetería y hasta ese momento pude explicar esa sonrisa perniciosa a flor de labios. Sin duda no era eso lo que Lucinda buscaba por eso no se detuvo ahí, por eso su búsqueda continuaba porque en el fondo sabia que esa clase de ambiente solo había traído a su vida falsas amistades y traiciones.
¿A qué edad comenzaría Lucinda a escribir?  Escribiría a mano o en su vieja Remington?  A ciencia cierta no lo sé. Ahora con eso de los ordenadores modernos, ella siempre cargaba una laptop bajo el brazo sabiendo que  había transcurrido tanto tiempo desde entonces, cuando parecía que todo comenzaba a importarle demasiado, y quería regístralo a toda costa. Escribía  a mano y lo hacía porque no sabía hacerlo de otra forma. Cuando escribía a mano se metía más en sus historias. Cuando  escribía  en el ordenador directamente y luego lo leía  le sonaba frío, no le emocionaba. ¿Si no me emociona a mí a quién le va a emocionar?, decía ella, entonces era eso, escribir a mano, en silencio y solo si se metía mucho en la historia podía  sacarle el verdadero jugo a una historia y si no,  lo tiraba  y al día siguiente lo volvía a hacer. Así transcurría sus días Lucinda, llena de afán y en completa libertad para la creatividad; pensaba  que San Francisco le había devuelto “su musa extraviada,” por aquella fama que tenia la ciudad, ese secreto a voces que recorría sus anchas y concurridas avenidas, por esa razón ella  traía siempre una libretita Molesquín en las manos, como Bartebly el escribidor, no se cansaba, quise decir, no quería cansarse ni cuando los días de calor se hicieron tan intensos  que parecía que la ahogaban, ella insistía en registrarlo todo.

A veces pienso que sus ciclos creativos tenían bastante que ver con las fases lunares; con la rotación de la tierra; con el pulso y su respiración o simplemente con el espectáculo festivo que ofrecían las calles de San Francisco. Lucinda quería sobrevivir y a la par sobresalir de sus tormentas interiores. Estaba claro: solo buscaba ordenar sus ideas, sentimientos y aflicciones cotidianas sin importarle qué diablos le importaba a los demás sus problemas existenciales; se sentía sola pero por el momento se encontraba bien ahí. Así que quería gozar un poco de la clandestinidad de esas horas, de la madrugada donde nadie podía encontrarla. Ahí se resguardaría del viento y la lluvia, del polvo y la inestabilidad de andar todavía a la búsqueda de un hogar, un lugar verdadero y propio y no un ahogarse entre las sombras de los shelteres o a la intemperie de las frías aceras donde dormía,  a veces, aferrada a su frazada de cuadros celestes, se acompañaba además  de unas cuantas familias quienes intentaban conciliar el sueño  y no dormían  para proteger a sus niños de la perversión callejera que pululaba entre los homeless, la drogadicción y el olor a opio constante. Lucinda se sentía adolorida por el frio, por no haber descansado lo suficiente la noche anterior y el ruido, ese canijo metiche que se colaba intermitente en su cabeza.
Era una recién llegada, sin información y sabía muy poco sobre cómo sobrevivir los duros inviernos en aquella ciudad. Tampoco sabía cómo moverse y conseguir las cosas necesarias. Después de su llegada del willderness, más
de la mitad de la gente que Lucinda acompañaba había muerto de hambre antes de la primavera, algunos otros víctimas de la violencia y el abuso de los borders patrol cuando intentaban cruzar ese desierto; como bien dice la Allende, los que aún Vivian estaban  muy lejos; así es el exilio, lanza a la gente a los cuatro vientos y después resulta muy difícil reunir a los dispersos. Así que cuando el invierno por fin llego.  Agradeció la presencia de un indio de nombre Squanto, a quien ella llamaba “mi oro liquido” porque hablaba inglés y le enseñó a los inmigrantes, como Lucinda, a  conseguir refugios adecuados para el clima y donde solicitar ayuda de todo tipo, ya que Squanto fue "un instrumento especial enviado por Dios”, decía Lucinda,  había cubierto sus necesidades y expectativas. Agradecía a  Dios por enviar a Squanto y proporcionar la provisión de alimento inmediato que necesitaba.
Aquellos inmigrantes eran personas muy espirituales que expresaban apropiadamente su gratitud por haber sobrevivido en el primer mundo, al racismo asesino de los minute men; Se dirigieron por primera vez a la Biblia y leyeron sobre la celebración de la fiesta hebrea de “Sucot”, también llamada Fiesta de los Tabernáculos o Fiesta de la Recolección. Este festival era el más alegre y se celebraba en las calles, juntando a la gente y a los niños. Recitaban versículos bíblicos a la intemperie, dándole toda la gloria a Dios por proporcionar y por enviar provisiones y ayudarlos a sobrevivir.
Descendientes de esas primeras fiestas fueron los inmigrantes quienes tenían mucho en común con los Israelitas: ambos grupos escaparon de la pobreza y la esclavitud al irse a nuevas tierras y fueron bendecidos por Dios. Los inmigrantes sobrevivientes, como Lucinda, empezaron la tradición americana de dar gracias a Dios basados en los relatos bíblicos. "Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús" (1ra de Tesalonicenses 5:16-18). "Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias" (Filipenses 4:6).



De cómo lo conoció, ya se verá…

Daniel de miel era un hombre singular, quiero decir, no era este un gringo cualquiera. Con su completo dominio del idioma español y su amplia trayectoria en la calle, Daniel era un tipo experimentado porque a pesar de tener problemas con las drogas, su deseo de salir de ahí era genuino y urgente. Siempre pensó que era necesario conocer una mujer, tener una compañera idónea con la quien  compartir sus emociones y sueños más íntimos;  Daniel sentía que caía poco a poco por un hoyo oscuro y profundo, ya le había comentado a Lucinda -“pues sería un cenote sagrado mas bien”.-  Comento Lucinda en broma,  por eso, cuando se la encontró ahí, afuera del shelter de la Next Door Lucinda le llamo por completo la atención, simple y sencillamente porque había dentro de ella una fuerza sobrenatural que le daba balance interior y le llenaba de luz y valor, y esto para él era suficiente para seguir su camino junto a ella. Ahora simplemente estaba allí, contemplando las barras del viejo edificio del shelter de la Next Door ubicado en la calle Polk. Meditaba y fumaba haciendo hanging out.
Valor era precisamente lo que buscaba Daniel, valor  para salir de su problema con las drogas. Daniel la miro, y por  primera vez desde que se topaba con ella, sintió que alguien verdaderamente sentía se compadecía de él. Su corazón y su vida hechos pedazos  necesitaban una restauración completa:    saludarla, hablar con ella, conocerla y ganar su amistad y compañía era un asunto fundamental para su vida en ese instante de dolor y malos recuerdos. Daniel al igual que Lucinda simplemente se había topado con la gente equivocada pero ninguno de los dos sabía esto; tan solo eran como dos piezas complementarias que Dios puso en su tablero y comenzó a moverlas convenientemente y el resultado final estaría por verse.

En un giro de ciento ochenta grados que ella dio, ¡zaz! ahí estaba ese hombre al paso. Ella jamás lo saludaba, si acaso algún "morning" o "Thanks" muy escueto, pues por demás estaba decir que Lucinda jamás imagino   que el hablaría español tan bien como lo hacia ella y esto era una proeza en Daniel a pesar de que era el ingles la primera lengua que mamo del pecho de su madre. (1) -Buenos días, saludo el gringo de ojos amarillos y tez muy blanca, como un vampiro que sobrevive a una mañana de fría incertidumbre. Lucinda lo miro   como quien se encuentra de pronto con una visión espectral, y le devolvió el saludo, -buenos días-, respondió ella. Parecía extraño escucharle hablar su mismo idioma, parecía extraño voltear a mirar y encontrarse con esa imagen tan peculiar como sacada de un cuento gótico y ahora, al recibir ese saludo tan familiar, se había diluido dicha imagen para siempre y se había vuelto más cercano a ella.-¿Hablas español? Pregunto ella llena de curiosidad. -Un poco. Respondió  Daniel lleno de pena pero con una sonrisa instantánea como si ya estuviera acostumbrado a ese tipo de reacciones
¡Qué grata sorpresa!... –comento ella-, -y como ya lo dijo la Grandes tiempo atrás, definitivamente resignada a la estupefacción.
-solo un poco, -insistió el estadounidense.
-  ¿Solo un poco?- Parece que se ha convertido en toda una moda hablar español aquí en Estados Unidos, -te felicito amigo-. -No has parado de hablar en español desde que te conozco-.
-Gracias - respondió Daniel automáticamente como quien está esperando el halago. Daniel la miraba fascinado con una risa picarona y ella sonreía divertida. Se despidieron por el momento, pero se llamarían más tarde con la firme promesa de volverse a encontrar. Daniel quedo sorprendido de la aceptación que de inmediato le profeso aquella mujer quien sin pretensiones de ningún tipo, ni juegos tontos, ni  escapadas al estilo de su ex, simplemente estaba ahí para acogerlo y el sintió una bienvenida cálida y un permanecer sereno junto a aquella extranjera quien todo el tiempo lo único que pretendía era divertirse con su idioma y el idioma que ella hablaba era tan distinto al español aparente que él le oía  hablar entre dientes; estaba claro, Lucinda no hablaba español, hablaba mucho más que eso,
era un idioma que lo hacía perderse en las lejanías de su memoria y reencontrarse con sus más gratos recuerdos  de infancia, sus raíces, las que el atesoraba y  por el  momento Lucinda lo había hecho regresar ahí. Por esa razón Daniel prefería hablar esa dulce lengua que había traído la inmigración a su país, y  que tanto le había costado aprender porque en el fondo, la intuición le había llevado a comprender que el español abriría nuevos lugares en su mente y en su corazón a él,  que era un tipo bastante reservado y tímido en su propio idioma, el descubrimiento del español había sido una hazaña  pues había descubierto una nueva forma de ser más abierto y sincero con respecto a sus propios valores, sentimientos y maneras de adaptarse a lo que viniera.  

Daniel sabía muy bien donde se reunía esa mujer y estaba decidido, iría en su búsqueda; así que camino hasta la calle Vann Ness y doblo a la derecha  por la O’Farril   hasta dar con el Cofee Shop favorito de Lucinda , ese era su refugio y Daniel lo sabía. Se detuvo en el portal y cuando volteo a la izquierda ahí estaba ella como todas las tardes, tomando su café; escribía mientras consultaba su vieja biblia. Daniel se acerco hasta su mesa y le pregunto a quemarropa: -¿Oye tú a qué te dedicas?  Cuando Lucinda entorno la mirada para responderle ahí estaba ese hombre curioso parado frente a ella esperando una respuesta, y Lucinda lo observo sorprendida y hasta con un toque de decepción pues  lo sintió un tanto confundido y nervioso. La mujer se apresuro a preguntarle, ¿oye no te vas a sentar?, pero Daniel, se sentía  distraído por el bullicio del lugar, le respondió que iría por un café, -¿quieres tu algo? -Por el momento estoy bien, le respondió Lucinda atareada pues se le iba la idea que en su mente estaba a punto de concretar. Cuando Daniel se sentó frente a ella todavía con la curiosidad encima entonces Lucinda le contesto – soy evangelista, - ¿Evange qué?, pregunto Daniel con curiosidad.  -Evangelista respondió Lucinda, - ¿y eso que es?, ¿Qué quiere decir?  -Que soy una dispensadora  de los misterios de Dios, -uy pues ahora ya entendí menos, respondió Daniel convencido de ello y levantando el entrecejo. Lucinda, que ya le había pescado al vuelo los pensamientos a Daniel se apuro a contestar: -pero no he, no es una maquina dispensadora de favores, aunque mucha gente así lo cree; Dios no es eso. Dios provee un significado y propósito a nuestras vidas mucho mejor, donde su poder, su amor y su misericordia nos regalan la esperanza de triunfar en cada prueba.
-Haaaber dijo Daniel al oír hablar a Lucinda de esa manera, a Daniel se le iluminaron los ojos como antorchas pues jamás había oído a alguien expresarse así al hablar de Dios. Para Daniel la divinidad era un concepto bastante lejano y mucho menos había que pensar en eso de ir a una iglesia.    
En el transcurso de la tarde se pusieron de acuerdo para recorrer San Francisco: subieron al puente Golden Gate  y posteriormente caminaron largo tiempo sobre el muelle 39 donde comieron fritangas mexicanas y se metieron a un bar caro y compraron un par de cervezas. Finalizaron tomando un té de raíces amargas tumbados  y riendo a carcajadas sobre una de las miles de butacas del el jardín del el barrio chino.
Lucinda sentía que caminaba entre nubes al tener por primera vez un amigo con quien aparte de comunicarse plenamente, le era grata su presencia física, porque Daniel para hablar sin más rodeos, le gustaba. Había sin duda una conexión entre ambos y esta sensación le hacía burbujear la sangre como un alka seltzer era tan importante para Lucinda, que se preguntaba qué tan dispuesto estaba él para iniciar una relación.

Anduvieron sobre la avenida Vann Ness y voltearon sobre la Mission street  hasta que los sorprendió  la noche, y regresaron al shelter para quedarse cada quien en su piso, pensando el uno en el otro. Se enviaban mensajes  de texto por el celular hasta que se quedaban dormidos, y al día siguiente volvían a verse  a eso de las seis de la mañana para continuar su recorrido por la ciudad de los fuertes vientos. Disfrutaban la sensación de hacerse compañía se perdían entre los cofee shops de la ciudad para tomar un largo brekfast, acompañado de sus platicas y experiencias que a ambos les urgía compartir, pues ambos compartían la idea   de que había mucho campo vacio e inexplorado desde que se conocieron, de tal modo que era necesario y urgente compartirlo todo para ganar tiempo  y de tal modo  continuaban sus aventuras en librerías, bares, cinemas y restaurantes.
Fueron a una exposición de pintura a la ocho de la mañana y a Lucinda el acto le pareció extraordinario pues no había ni vino blanco ni rojo ni canapés, sino  champan y caviar, una ¡locura!,  pensó Lucinda. Daniel sonreía divertido mientras ingería cada copa que llegaba a él y se entretenía viendo la mercancía de carne y huesos  que exhibían las espectadoras en la galería.

“El amor es una catástrofe espléndida: saber que te vas a estrellar contra una pared, y acelerar a pesar de todo: correr en pos de tu propio desastre con una sonrisa en los labios; esperar con curiosidad el momento en que todo se va a ir al carajo. El amor es la única decepción programada, la única desgracia previsible que deseamos repetir:”
                                                                                                                 Frederick Beigbeder

Una tarde Daniel de miel llego hacia ella más pálido que nunca y apenas podía hablar. Ella lo miro  sobresaltada   y con un mal presentimiento, con la aguda intuición de que él le daría una noticia fatal, así que decepcionada le miro y le escucho:
- Tengo que ir a resolver un asunto ,volveré para la cena.-  Aquella situación no le gusto nada a Lucinda, pues Daniel venía acompañado de una mujer muy extraña, tanto,  que su delgadez tocaba ya los huesos y su aspecto era como el de un fantasma. Vestida de negro, con todos esos collares estrafalarios y la rubia melena que sobrepasaba los hombros; Lucinda le miro sorprendida los bultos que se le formaban debajo de los ojos y estos habían perdido ya su color. A Lucinda  le sorprendió aun más la forma de sus dientes que terminaban en pico, totalmente dañados por el crack : parecían de piraña.
- Qué asunto tienes que arreglar y quien es esta mujer- Pregunto Lucinda con el ceno fruncido y la desesperación en el pecho que le subía como una profunda marea.
-Después te contare, ahora debo irme.- Y Daniel se perdió esa tarde con aquella mujer detrás de él.

Lucinda los veía partir en la distancia y platicar entre sí. Ella no comprendía nada aunque de una cosa si estaba segura: su actual compañero ya no regresaría para la cena como se lo había prometido.

Daniel de miel desapareció por treinta largos días. Lucinda le espero  paciente al principio hasta que se le agotaban los días y estos eran como un precipicio para su desolación y larga incertidumbre, pues no lograba conciliar el sueño y no sabía donde habría podido ir su compañero de cortos viajes y largas aventuras. Tampoco sabía a ciencia cierta si volvería. Sabía que tenía tanto que platicar con él y hasta pudiera ser que Lucinda se encontrara atrapada en esa ciudad de momento, pues sin Daniel, su gran conocedor de las calles, no sabía hacia donde voltear ni qué dirección tomar; se sentía tan petrificada como la mujer de Lot. Lucinda sintió miedo.  Anhelaba tanto el regreso de Daniel que su mente y su imaginación habían trazado una serie de historias sobre ciudades, países, paisajes y gente que ella jamás conocería; pero cuando un residente nuevo llegaba al shelter del Sanctuary donde ella se hospedaba, Lucinda siempre desplegaba su batería de preguntas “de dónde eres” “a que te dedicas” “me cuentas una historia”; ella solía darse el tiempo y la paciencia para escuchar aquellas historias con ojos brillantes y vivos. Añoraba el regreso de Daniel y todo el tiempo se sorprendía soñando con su regreso así que Lucinda ya tenía todo un arsenal de historias  listo para cuando volviera Daniel. Muchas veces ni siquiera era necesario preguntar nada, simplemente se sentaba a observar su forma de vestir, su conducta, su manera de hablar y de caminar y listo!, ya tenía los personajes bien trazados.  Esta vez fui más allá del océano, -le contaría, el océano del lado donde el Sol sale, no junto a las focas en  donde estuvimos la última vez. Tome un barco en un muelle imaginario y tuve el valor suficiente  de ir tan lejos sola, y fui mucho más allá de las montanas  que anhelas y estuve en altamar desde que la luna comenzó a trazar un círculo perfecto en el cielo, comenzó a hacerse más pequeña y luego cada vez más grande hasta que estuvo llena nuevamente. Durante media hora me quede mirando en lontananza y allá hasta donde alcanzaba mi vista no había más que mar, tan solo agua y cielo, ¿te lo imaginas Donny?  Ella se imaginaba a Daniel escuchándola,  con las mejillas pálidas y sin aliento, pero sonriendo con esa dulzura todavía intacta en el hombre de 37 anos que  a pesar de los escombros todavía era un niño de gran estatura.  Y Lucinda acariciando con dificultad la frágil y delgada piel blanca quebrada y ahora sin brillo de Daniel, le hablaba del océano y del cielo azul y de esa fina línea horizontal que los dividía como un acto de amor y lealtad de parte de ella. Era como si Daniel de miel hubiera estado en coma durante todos esos días  y cabía la esperanza en  Lucinda de seguir hablándole  sobre aquella batalla naval que tino de rojo el océano la tarde de su partida, cuando la dejo con el ánimo destrozado y con ese sentimiento de insoportable soledad que la agobiaba. Lucinda deseaba seguir sonriendo pero esta vez las circunstancias la amordazaron.
De cómo se volvieron a encontrar…

Habían pasado ya treinta días desde que partió Daniel aquella tarde, sin darle ninguna explicación a Lucinda, llevándola prácticamente a la intemperie y a la desolación como si de nuevo caminara sobre el willderness,  como cuando intentaba cruzar la frontera y el sol la abrazaba con sus tentáculos de fuego; de cuando el tiempo no les acompañaba:  mucho viento, lluvia, altos obligatorios  en el camino  y casi nada para comer; sucios y chorreando en sudor porque lo único de lo que los habían provisto era de agua para tomar y Lucinda ya tenía sed de nuevo. Sed de tenerlo cerca, de volver a hablar con Daniel, sed de abrazarlo y volver a sentir su compañía.
Así pasaba las horas Lucinda, a la espera de ese hombre secular al que ella imaginaba volar en las noches como un satélite, por eso durante su ausencia siempre volteo la mirada hacia el cielo. Lucinda, Lucinda, se repetía a sí misma como incrédula mientras se veía en el espejo de mano que sacaba de su cartera y esbozaba una sonrisa tímida. -Ah que vieja tan chiveada, se me hace que ya te enamoraste, pendeja.- Pensaba para sí misma mientras su cuerpo daba un impulso hacia arriba para levantarse del asiento y hacer un alto para bajar del tranvía sobre la Marquet Street y la Vann Ness. Volteo hacia la derecha y se topo con la calle donde se ubicada la clínica Tomm Wadell, donde Lucinda acudía regularmente para chequearse y hacer  alguno que otro examen de rutina.
La tarde que Daniel regreso, venia caminando azarosamente con ese andar de aspecto desgarbado que le caracterizaba siempre, daba pasos inseguros como quien camina por la cuerda floja, aunque esta vez venia caminando  por una callecita perpendicular  a la clínica, El  sabía que Lucinda acudía con frecuencia e iba  en su búsqueda. Cuando Lucinda salió de su consulta y abandono el viejo edificio histórico le vio de improviso, el venia cruzando la acera contraria directo hacia ella. Lucinda se quedo petrificada sobre la banqueta y Daniel hizo un alto para mirarla a distancia, -hola – saludo él, acercándose con cautela, como teniendo cuidado de no ser arañado por un gato, abordándola con un aire de que no pasaba nada verdaderamente, aunque de entrada ella no lo reconoció en su proceder. Ella sabía que Daniel no solía tener ese ímpetu tan abrupto y aunque estaba resuelta a averiguar a toda costa que íntimos motivos lo habían llevado a tomar la resolución de volver a ella casi corriendo,  como huyendo de alguien… ¿La desesperación tal vez? ¿Pero de quien o de que verdaderamente huía?  Daba igual, ya lo averiguaría ella con el tiempo, así que con la misma actitud Lucinda le devolvió el saludo.
Ambos se miraban fija y extrañamente, recordando la mezcla de todas aquellas cualidades  que los volvían tan diferentes al común de los demás y, como venía haciendo cada mañana,  el le dio un beso en la mejilla y le deseo los buenos días. Lucinda saludando de nuevo a su compañero con mucha cortesía y respeto le dio la bienvenida aquella tarde y nuevamente escucho esa risa de niño que manaba de él,  fresca como un rio mientras sus brazos rodeaban a Lucinda. Fue cuando ella supo que todo había vuelto a la normalidad, -estas de vuelta- le dijo ella con beneplácito, devolviéndole el abrazo y reían juntos.
Perdida en el abismo

Despertó azulosa y áspera esa mañana de fría incertidumbre, cuando lo encontró reclinado sobre la estera de los edificios  vecinos, mirando la secreta huida de las luces en los balcones y jardines de la ciudad. Caminaba sonámbulo y sin fronteras sobre la banqueta contraria al edificio de la Next Door; y hasta entonces lo supo lejano. Sintió que la soledad era un muro  trepidante; la sintió herrumbrosa y un tanto impersonal, incluso durante la hora más lúgubre del día  siempre se las había arreglado para salir adelante. Viajaba en una especie de eco animal, un lamento que se extendía en las inmediaciones de la noche y continuaba rumiando su veneno musical durante las primeras horas del alba. Lucinda se sentó frente a ese ángel desvelado y le ofreció su encendedor de nácar como una secreta caricia, como una iniciación del fuego entre ellos para esa noche nevada. El, disimulando, comenzó a fumar, estudiándola a fondo y estuvo así, por un buen rato.
Daniel le comento a Lucinda que en alguna vida anterior creyó haberla visto, porque su perfume y el espeso bosque en su mirada le eran familiares. Lucinda le miro con una desconfianza poco habitual en ella, quien también estudiaba el mapa de su rostro, confieso que Lucinda pensó que Daniel no sabía muy bien lo que estaba diciendo; tan apesadumbrado como estaba todavía por el uso de narcóticos  a esas horas de la madrugada cuando el frio se concentra, fue cuando ella descubrió ese fino y casi imperceptible lunar bajo su mirada de estrellas, tan bajo al firmamento salino de su piel, el fino y delgado  declive de su nariz como un montículo, y esa boca que, insistió, le parecía haber besado vidas atrás. Ahora vivía con una sonrisa diáfana y perturbadora que parecía un riachuelo.  Lucinda recordó que los ojos de Daniel eran antes vivaces con una mezcla de tonalidades entre verde y café que se fundían entre si y cambiaban de color según su estado de ánimo y se cruzaban constantemente en el traficar de recuerdos. Algunas veces se entornaban para mirar con un extraño resplandor demencial, como quien piensa algo terrible y luego se retrae. Camino junto a el hasta perderse en el portal del alba. Lucinda me confesó que tuvo que adaptarse al amargo silencio y esa ansiedad que padecía Daniel. Entonces los brazos de Lucinda se convirtieron en una enredadera y abrazaron a Daniel. Recordaron cuando juntos treparon entre los arboles de agosto dilatándose en el desmesurado espacio de sus ramas y hojas. Algunos peatones saludaron con cortesía a la pareja. A las seis de la mañana conversaban tomando un té de raíces, una vez más en el jardín japonés del barrio chino. Continuaron su recorrido mirando hacia el cielo y el cielo los saludo a su vez con precipitaciones futuras, aviones y satélites y diminutos puntos plateados que explotaban a los primeros albores del día.

Eran  las cuatro de la tarde y todavía les faltaba recorrer las aceras aledañas al jardín. Lucinda canturreaba y Daniel continuaba silbando; ambos se marchaban con una espesa niebla sobre sus cabezas que ascendía como incienso y se quedaba a vivir en el interior de las nubes. ¿Necesitaban preguntarse acaso que era lo que les acercaba y les hacia rechazarse? Lucinda encendió el fuego para alumbrar su camino junto a Daniel en completa paz y camaradería porque deseaba encontrar junto a él ese lugar en el que finalmente todos anhelamos estar.





Había momentos en los que Lucinda también lloraba en esos días de profundo silencio y pesar eterno, de los que no se podía confiar ni de su propia  sombra. Ella sentía que  La duda era  un demonio que pudría su memoria y sentimientos, un virus que en ocasiones la invadía  y gracias a esto ella pensaba que tal vez estaba haciendo las cosas mal. Incluso solía pensar que su vida estaba del todo equivocada; situación que venía analizando con la lente inexorable del   tiempo y concluyo que reinventándose podría llegar tal vez hacia la otra orilla.  Para esto no estaba sola, Lucinda era una mujer con imaginación; tenía la profunda convicción de restaurar su vida, por eso sus desvelos, por eso su búsqueda constante de Dios pues reclamaba su unción para poder seguir el camino en su escritura. La literatura era un componente muy importante en su vida; era ese fuego interno que en ella nunca se había extinguido -gracias a Dios -, murmuraba ella en los trenes, cuando viajaba en soledad,  y vivía con esa inquietud con la que  confrontaba aquellos fantasmas  que habían decidido hacerle meya a su pasado, como dijera en una ocasión Anaïs Nin “El orden me da seguridad,  es la filosofía de los japoneses, si todo esta ordenado es más fácil pensar con claridad”.
   El encuentro

Lucinda buscaba la estabilidad a través del orden y la espiritualidad. Era hora de reorganizarlo todo y mirarlo a través del crisol del amor pues amaba su vida, o mejor aún, lo que vivía de ella en tiempo y espacio. Estaba dispuesta a ceder sus tesoros personales más preciados e íntimos por seguirla viviendo pero esta vez con mejor calidad y experiencias mucho más ricas y certeras; era una mujer con expectativas, de eso no cabía la menor duda y así como esperaba que el invierno bajara desde la cordillera norte hasta el área de la bahía, intentaba observar el panorama con claridad y sin perder lujo de detalles solo para tener algo que contarse a sí misma y poder acallar sus dolencias y sus lagrimas.

lunes, 9 de mayo de 2016

martes, 3 de mayo de 2016

¿ Donde diablos está Daniel ?



Despierto con el aliento seco y siento el otro extremo de la cama frío. Deslizo una pierna hacia ese otro lado en el que mi anhelo busca insistente el calor de Daniel, pero no hay más que mi ropa limpia y doblada dentro de unas bolsas de plástico, que descansan a mi lado encima del colchón. Evoco entonces su espalda tibia y al abrazar siento sólo la almohada caliente aún y la tenue caricia de las sábanas.

Daniel me contó que en un día posterior encontró un viejo colchón lleno de grumos y manchas, doblado en dos y embutido en un armario húmedo y apestoso debajo de las escaleras del refugio para varones y lo había sacado a rastras al patio para airearlo porque ahí dormiría las noches subsecuentes en el refugio aquel: Un sitio donde jamás me atrevería a hablarle y/o tocarlo pero, como en un ensueño, en un tranvía, tras él, logro poner la palma de mi mano sobre la espalda de mi amado. Me incorporo con un codo sobre la cama que logré conseguir semanas atrás, en el refugio del Sanctuary y reclinada sobre el respaldo, me dejo envolver por el silencio que cae como lluvia sutil sobre el dormitorio; consulto la hora en mi teléfono celular: Son apenas las tres de la mañana y el sueño todavía me abraza. Le envío un mensaje de texto que he logrado garabatear a duras penas pero no me responde, y al cabo de veinte minutos, comienzo a inquietarme. – ¿Le habrá sucedido algo? Pienso quizá tal vez esté dormido aún y es posible que esté exagerando. A las tres con quince comienza a vibrar el celular y mi corazón da un gran salto jalándome del sueño por completo. ¿ Podría ser él regresándome el mensaje? Pero no. Observo que está entrando una llamada de un número diferente al suyo y me levanto de un brinco corriendo a los baños a contestar: Un sobresalto acompañado de un mal presentimiento me desconciertan cuando veo el número de Paco Nadoesiux, su amigo, en la pantalla del aparato que insiste en seguir vibrando y al responder escucho su voz casi sin aliento al otro lado de la línea:
¿Aló? Diga
¡Hey Lucinda! ¡ Vaya hasta que respondes!dice Paco—, con un evidente tono de alivio al escuchar mi voz luego de haber intentado llamarme una decena de veces sin obtener respuesta — me dice —
y continúa:
¿Lucinda puedes oírme ? Insiste la voz del otro lado de la línea. Camino de un lado para el otro tratando de encontrar la señal, porque en los refugios no hay recepción para recibir llamadas.
Sí, dime, te escucho, ¿Qué pasa ? Le respondo impaciente ¡Qué no pasa mujer! Necesito verte ¡es super urgente! ¿me entiendes? ¡ Ay no me digas que algo le pasó algo a Daniel!
Pues luego te explico dice y percibo un tono alarmante en el timbre de su voz , que me ha contagiado sin saber qué responderle a estas horas de sagrado resguardo en las que me lanza una llamada telefónica a quemarropa y como ni siquiera sé de qué se trata el asunto, pongo mucha atención a lo que aquel hombre me intenta decir :
Es chame lu da! La voz de Paco suena entrecortada al otro lado de la línea porque la señal va y viene.
¿Aló? continúo ¿Aló?
¿Sigues ahí? Insiste su voz cuando vuelve la señal.
Ah sí… ¿ Me decías?…
¿Mejor te veo en la catedral de la calle Polk como en una hora sale ? Sí, claro ¡Por supuesto! Ahí nos vemos le digo y me doy una ducha rápidamente, regreso a la cama con una toalla blanca enrollada en el cuerpo y termino de vestirme sentada sobre el respaldo donde me calzo los botines que me llegan al tobillo pero son cómodos y luego me pongo lo primero que encuentro dentro de las bolsas: ¿ Un vestido floreado? ¡Un atavío inimaginable! — No importa está bien, murmuro y encima de éste, el abrigo de lana café con esas imperceptibles manchas de grasa en el que ni siquiera meto los brazos, lo siento pesado, como una montura encima de los hombros y finalmente, el chal color rosa que suelo usar como bufanda.
¿Qué querrá aquel ? No puedo evitar sentir prisa, la noticia urgente de querer hablar conmigo a estas horas de la madrugada me ha caído como un balde de agua fría. Salgo del refugio bien apurada y pensando en Daniel. Lanzo un suspiro largo e intenso cuando estoy en la calle y siento por vez primera el aire frío de las cinco de la mañana.
¿ Porqué carajos no me ha respondido el mensaje que le envié hace un rato? ¡ Ni siquiera contesta el teléfono!
Ojalá esté bien, pienso aterrada ante la idea que ahora bulle sobre mi cabeza como una mariposa cautiva en un frasco de vidrio: ¿Habrá tenido un accidente? —murmuro— al caminar con las manos ateridas pues olvidé ponerme los guantes y rechino los dientes ante el inconveniente ¡Me voy a congelar!
Durante el camino, me topo con el refugio del Santa Ana donde hago un alto y pregunto por Daniel. El encargado del front desk me dice que salió a eso de las dos de la madrugada y no me quiere dar más explicaciones. Mi pecho comienza a latir con fuerza mientras me dirijo a hacia la catedral y avanzo con sigilo,cuidando de no resbalar sobre el piso que ha cubierto de hielo,la tormenta de nieve que ha estado cayendo lenta, pausada, melancólica.
Continúa la noche tejiendo su manto de estrellas luminosas y me detengo en el umbral de la portentosa nave de enormes dimensiones: Unos cien metros de largo, levanto la cabeza sintiendo que mi vista se pierde en los inmensos capiteles que miden más de 90 metros de altura y sostienen el edificio entero, siento un pequeño mareo que me sacude y me hace tambalear sobre mis dos pies, y bajo la cabeza regresando a la normalidad. Entro en el santuario y me desplomo en una de las bancas donde permanezco agachada y en silencio, tapándome la cara con ambas manos por unos minutos, intento relajarme, hasta que me interrumpe la ronca y aguardentosa voz de Nadoesiux para decirme:
Hola ¿ Estas bien?
Sí, estoy bien, respondo es sólo que…
Te sientes abatida por la desaparición de Daniel, dice
¡ Ah! ¿Es que sí desapareció? —Puedo preguntar finalmente.
Sí, lo arrestaron esta madrugada, dijo Paco al que jamás había visto tan apenado.




Lourdes Olmos 

viernes, 22 de abril de 2016

Cactus y espinas coronan mi frente


"Lei que asi es el desierto, y entre los recuerdos de mi infancia, he recobrado el vago indicio de aquella ventana desde la que se podía apreciar el cerro de la silla. Genial! Como pude haberlo olvidado...

Tras cerrar la puerta de mis antiguos recuerdos,supe después que la ventana siempre estuvo ahí, y probablemente permanezca físicamente aun abierta  a través del tiempo.

Parada, descansando sobre ella escuche siempre el canto de las sirenas, que hipnótico, me llevo siempre por vagos e intrincados subterfugios. Que ingenua fui! Debo admitirlo, el camino, la mayoría de las veces, no es cien por ciento recto como lo pensamos. Es por eso que me atrevo a contarte esta historia".












                                               I

San Diego California.  21 de marzo del 2002


   Me  convertí en escritora por esa genuina pasión que despertaron las emociones que siento al recrear mi propia historia y experiencias  vividas, ante el ferviente deseo de no perder mi identidad, pues sentía que me iba perdiendo  yo misma al revivir esa  otra cara de Daniel,  la que me atrapó sin treguas, ni diligencias, con esa mirada que como un mal presagio, me hablaba de la incertidumbre y la soledad insignes, junto a esa sonrisa  incomprensible para mí hasta estos días. Y ese claro dominio del español, mi idioma natal   Me pregunto si  los Nolits ,  ese grupo de maleantes y rebeldes sin causa,  son verdaderamente su familia, su lugar de origen como él los llama  y así me lo confirmó alguna vez, cuando las circunstancias  se pusieron a tope  y él sin razón aparente, siempre quería estar huyendo con la pandilla del Caníbal.
Aquella especie de sociedad secreta que durante algunos años Los ha sembrado el terror y la violencia en el desierto de mojave; la hermandad que  le ha abierto las puertas a Daniel a cualquier hora que él decidiera volver, como el hijo pródigo, sin hacer preguntas ni pedir explicaciones.  Como su más sagrada familia. Ya fuera donde se encontraran, y vaya que ellos andan por todas partes; tanto en Los Ángeles como en San Diego  o San Francisco.  Ese es su su secreto, o destino, porque yo  explicación no le encuentro ninguna. Pero  Daniel Mingus, “el único gringo que no habla inglés”, como así le llaman sus  camaradas y amigos, desde que lo conocen y saben que tiene más de la tercera parte del desierto de mojave bajo su posesión, y que por esa razón, las cosas se le han estado poniendo difíciles con los miembros de los "ganster´s disciples",  otra pandilla que merodea ahí cerca, lo traen entre ceja y oreja, dispuestos a jugársela  bajo un cielo azul turquesa que por momentos se torna gris con los consabidos tintes naranjas y  rojos del  atardecer.   Daniel  camina Junto al Xólotl, su compañero inseparable, y juntos y a instancias de sus compañeros esperan un grupo de mulas que está por llegar de tijuana. El Xólotl quienes algunos apodan también el bárbaro de los desiertos, se dirige a Daniel en el preciso instante en el que los tonos rojos y naranja del atardecer están a punto de ponerse violáceos y como no aparezca todavía el grupo, al que todavía le falta un día más de camino con sus consabidas noches, según les  informa su gran compa León Pérez el Gallo a través  del radio; le dice:  
     


—Hace frío man , vamos a darle duro a la weed que trajo el Caníbal  Estévez, dice él que está bien buena, le comenta el Xólotl mientras preparan una hoguera entre los dos y se sientan frente al fuego a atizarle duro por un buen rato en el  desierto  de Mojave: esa enorme bóveda oscura y sin fondo, como boca de lobo, tan fría  en   sus  noches , que los alberga en el misterio del silencio. Al Xólotl le sudan las manos desde que tiene uso de razón y ese siempre ha sido un gran secreto a voces entre sus allegados , situación que lo pone más triste que un jodido búfalo cuando llueve  y  se le nota en el opaco brillo que  refleja la noche de su mirada,  en el leve temblor de sus dedos que bailan mientras va enrollando el cigarro de mota que ahora está a punto de encender y las rápidas y ágiles  respuestas que le va dando a Daniel, a quien  solo le quema la ansiedad de seguirse atizando para volar, quiere olvidarse de su banalidad absurda, del hambre que  a estas horas le quema los intestinos,  de sus fuegos fatuos y de un montón de recuerdos como cadáveres olvidados   en el desierto  acompañados de  sentimientos de rabia y rencor que  lleva acumulados durante años y  que ahora le es imposible olvidar. En el fondo se siente muy mal, por eso ha encontrado en la droga un paliativo que le dignifica y le hace escapar, - aunque solo sea por unos instantes- al lugar donde siente que él pertenece, solo que, necesita fuerzas y las va a necesitar  mañana,  cuando quizá despierte en cualquier otro lugar, sintiéndose mucho más jodido,  sin fé y sin esperanzas. —¿Quieres más?   —  Le pregunta el Xólotl con la voz apagada, conteniendo la respiración para que el humo no se le vaya tan rápido  
 —No , capaz que se pone  loco el Caníbal  y nos revienta  la madre si no le dejamos algo,   contesta Daniel,   desde su muy personal y espesa cortina de humo. 
Locos andamos nosotros , man  (ríen, Pues qué pasó... ¿ya te pusiste  Hi  home boy?  , mírate nomás 
Shhh , se pone un dedo en los labios y murmura You too homie , también tu —dice con el semblante  pálido de tan mariguano que está,enciende un cigarro y  le responde tras una cortina de humo,
Ven acá homes,  lo llama haciéndole una seña con uno de sus dedos y se cruza de brazos conteniendo un poco más el frío, se voltea por completo hacia su compañero para preguntarle en un tono bien bajito, que le imprime un halo de misterio, en un idioma  que más bien  parece al spanglish, sin olvidar su inconfundible acento gringo.    
—¿ A qué hora llegar esas man?  Y el Xólotl le responde en un tono bien bajito como contándole un secreto.    —En unas horas man, no desesperes, 
—Ojalá no se las encuentre por el camino la border patrol man porque si no ni llegan... rien,   —Le responde el Xólot  sin suma preocupación que una de las chicas llamada Magdalena trae el radio y que El Gallo les va indicando el camino  pero  Daniel  ya se cansó de dar vueltas y observa el camino con el par de catalejos que saca a cada momento para estar pendiente del arribo del grupo de  mujeres. —¿Quiero decir ,amin ¿Por Qué ellas no vienen al amparo nuestro? —Pregunta el gringo con un tono humorístico y desenfadado,  que hasta  el Xólotl asiente con la cabeza pataleándose de risa ,  — Porqué no se han  topado con nosotros en el camino ,muy simple man.
— Jajajajaja,  eres bien divertido cuando fumas  esa mierda , me cae, —le dice y se tumba  al suelo junto a su compañero que  está  recostado junto al fuego  observando la tonalidad  de las llamas que pasan del azul al naranja hasta quedar  hipnotizados , en una noche apacible que los cobija y los adormece  bajo un cielo tapizado de estrellas . Se acompañan en el silencio y la soledad , Aunque ellos dos no tengan nada que ver físicamente entre sí, uno es güero y el otro moreno, el primero es un ciudadano americano que ha tenido como elección el idioma que trajo la inmigración a su país;  y el segundo es víctima de la inmigración de sus padres, al primero le han resultado las cosas más fáciles que al otro y tal vez ése el coraje del Xólotl, la rabia y la impotencia de sentir que Daniel en su país vale más que el Xólotl mismo , quien no se siente ni de aquí ni de allá, por sentir que carga su propia condena aunque pisen las mismas tierras polvorientas y provenientes de  aquel desierto californiano que alberga cactus, y matorrales  donde  dormita un puñado de  lagartijas que descansan silenciosas y anónimas  sobre los bordes de  las  rocas . Los he escuchado merodear en un sueño recurrente, aquellas regiones, en la  Ford F 150, conducida por Daniel y otras veces a pie,  cuyas sombras se extienden sobre las dunas  de  aquel desierto  que han invadido por completo y del que ya forman parte,  en el que   los veo cruzar las fronteras   para recibir a los inmigrantes,  sí , ese par de rufianes me dieron la bienvenida cuando llegué a este país con tan solo  mis pocas  pertenencias encima y sin  parentesco alguno que pudiera respaldarme en un país ajeno al mío. 

Debo agradecérselos, pues haya sido como haya sido , ya estoy aquí. Aunque de entrada el Xólotl jamás me cayó bien, con ese eterno lema suyo de  Primero tu familia, luego dios y al final tu banda,   aunque mueras por la banda porque con ellos tienes que cooperar que más bien lo condena y  a juzgar por  sus pantalones caídos hasta media nalga que le hacen enseñar los boxer´a rayas  haciéndolo ver mucho más vulgar de lo que pueda llegar a ser; junto al  exacerbado color moreno de su piel  cubierto de tatuajes en antebrazos y piernas y esas  enormes manchas negras  que sobresalen de sus extremidades como resultado de los estragos del sol.  Porta unos sucios huaraches con suela de llanta que ya mero se le  revientan del cuero a causa  de llevar ya  varios días caminando sobre los terregales del desierto,se le han partido los talones;  en contraste   con su compañero, quien  más bien  parece  un jaguar con el cabello café dorado,  y el sorprendente color Hazelnut de sus ojos,  que no paran de mirar de aquí para allá,  escondido  entre  yucas  y huizaches; está acostumbrado a moverse con sigilo,  con sus botas de montaña. Porta siempre  un paliacate sobre su cabeza, a veces naranja, a veces verde  y lleva siempre  un machete colgando tras la espalda con el que corta de vez en cuando los  hierbajos a su paso .El Xólotl camina tras de él como su sombra fiel,  tiene la idea errónea de que  “ como nació en los estados unidos” Daniel ya la tiene hecha,
 –  ¡Ja!..Si tan sólo supiera el pequeño  mequetrefe este , pensaría el gringo.

 El  Xólotl cree que sólo a él le pasan tragedias, diría Daniel, quien mucho menos  se imagina haber crecido en la pobreza y la marginación  junto a unos padres inmigrantes en los desiertos de Arizona y que  le ahogan tanto al jovencito, que ahora camina a sus espaldas y siempre en actitud de alerta, junto a él;  como la ignorancia de aquel que no ha querido darse cuenta que en realidad, nadie la tiene fácil y que todo tiene su precio aún estando en la banda —piensa el gringo, quien camina todos los días y a cada hora  junto al cadáver del pálido anhelo de querer  ser arquitecto algún día, ese día que nunca llegó porque para sobrevivir el joven terminó siendo un pirata cruzando los desiertos, por culpa de la negligencia de  su madre alcohólica que se volvió loca , tras la pérdida de su hermano menor, Daniel terminó siendo un niño criado por otras familias   y al amparo de éstas durante todos estos años, en los en los que ha tenido que crecer y hacerle frente a la soledad y la incertidumbre  de haber crecido así , sin disciplina, sin nadie que haya tenido la consideración de hablar con él para orientarlo, porque desde entonces   no ha aprendido sino a huir de un montón de situaciones incómodas y difíciles que incluso han llegado a resultar amenazantes para él desde su corta infancia.
  
—Bueno ya  platícame qué traes entre manos, a verrrr —pregunta Daniel, con suma curiosidad, arrastrando siempre la letra R  que francamente suena  chistoso cuando habla...  , sin darse cuenta de que ese conocimiento y comprensión del que él tanto se jacta hacia  su joven amigo,  se le disfraza de compasión algunas veces, sobre todo cuando el Xólotl  para estas fechas ya se acabó toda la hierba que había traído el Caníbal y  estaba en pleno monchis sacando de su mochila la comida  que logró confiscar ayer del Anthony's, uno de los comedores  para los homeless, gente sin hogar, a los que suele asistir algunas veces, sobre todo cuando la mayoría del tiempo el hambre es cabrona, y a pesar de llevar ya algún tiempo en la pandilla todavía no termina de identificar  los  mil rostros del Caníbal, quien  la mayoría del tiempo reacciona como si tuviera el síndrome de  personalidad múltiple, posee unas raras maneras de responder,  y siempre de distintas maneras, pero la mayoría siempre implacables. A Daniel si le entra el pendiente, sobre todo porque el Xólotl descansa sin preocupación alguna y sin  calcular   la bronca que se le viene encima con El Caníbal por distorsionar  las órdenes que ambos tenían de intercambiar la hierba y las mulas por armas.

 —Parece que vi una sombra allá tras las dunas man, pero no, no eran esas chavas ,que por cierto ya se están tardando man… —Dice ésto un poco nervioso ,  mientras destapa  una cerveza y Le extiende una a Daniel que se la toma de un solo trago y  al final hace un gesto contrayendo la boca hacia atrás, enseñando una hilera de dientes uniformes  pero  amarillos y con manchas de  tabaco.
— Tu no te azotes  , te dije que andan rondado El Caníbal con su perro nerón , a lo mejor tratarse de él, dice éste clavando su mirada café verdosa en la lejanía —Puede ser man...Pero la neta ya me está entrando  pendiente, entonces qué, ¿Seguimos esperando que lleguen las jóvenes perversas esas?...  —¡Ja!
— Daniel ríe y asiente, resaltando su fina y respingada nariz  y agrega :
    — Por supuesto que sí,  le dice entre risas   a su Brother del alma,como el Xólotl se refiere a él porque tiene bien fijo el recuerdo como un tatuaje entre ceja y oreja de cuando tuvo que desertar de la mara para no terminar ser deportado o puesto en control de corte por la propia banda, en el preciso momento en el que Los Nolis lo recibieron marcándolo con un tatuaje grande y doloroso en el pecho como una leyenda con el nombre de su nuevo hogar, aunque después lo saltaron para ver hasta donde era capaz de soportar la brutal golpiza que habría que aguantar en unos quince o veinte minutos, —¡Esas eran las bandas en aquel entonces! —Comenta a quien el miedo, la soledad, el abandono, el crimen, las drogas, el dinero y la traición  le han forjado un temperamento bastante inestable y muy perceptible a cualquier movimiento   condición que es tan persistente tanto en él como en el propio Daniel y tan obsesivo, al grado de que están siempre alerta. Ya sea en sus rondines por el desierto,  donde  asaltan a mano armada a los pobres inmigrantes que cruzan desde Tijuana y Baja California, o reciben la merca por parte de los mismos,  como en la ruinosa casa en penumbras donde habita la pandilla entera,  en aquel gueto perdido de Los Ángeles y de la cual  la clica ha hecho posesión y  donde la puerta  se abre  solo cuando es necesario y rápidamente se cierra de nuevo. El Xólotl ha permanecido con  ellos casi la mitad de su vida  desde que lo recogieron a los nueve años, y ya tenía órdenes de matar a cualquiera que perteneciera a  Los Nolis y que se cruzara por  su camino. Los Nolits son la agrupación principal más grande en los estados unidos , después de los mareros y los únicos rivales a muerte de la banda , directamente hereditaria  de la guerra Civil Salvadoreña que azotó aquel país durante doce largos años.
 Puros jovencitos que debido a la falta de trabajo y de educación , no encontraron otra opción que huir de su país y se agruparon en  guetos, organizándose  en las calles de  Los Ángeles en pandillas que aglutinaban adolescentes desubicados que ni siquiera hablaban él inglés, y cuya vida se desarrollaba en los guetos que iban invadiendo. Concluido el conflicto armado, muchos de estos chicos fueron deportados a su país de origen  más tarde, y apartados a  los barrios más humildes, donde comenzó la gestación de una guerra colosal,  un odio sin fronteras, que va creciendo sin menoscabar que aquella marginación producto de la deportación sólo los ha vuelto más  violentos y peligrosos de lo que ya son, y que dicha marginación los obliga a revelarse para reclamar un territorio y un color de piel propios,  es este odio acumulado a punto de explotar del que  el Xólotl es víctima y  un sobreviviente que además tuvo que aprender el inglés a fuerza de golpe y sangre, directamente  en las calles  para usarlo como puente entre las bandas . Daniel por su parte, se dio el lujo de aprender el español, sólo porque lo tenía al alcance, como el idioma que trajo la inmigración a su país, y como además sonaba bonito y le gustaba,  lo hizo muy bien, aprendiendo de principio solo las malas palabras,  como Pendejo, su palabra favorita, con la que la mayoría del tiempo se cotorrea  a Los gangster´s, una  de las principales bandas rivales de los nolis, formada por individuos de raza negra y que siempre le hizo la vida de cuadritos a los nolis, ganado territorio en la venta de drogas.   —¡Órale cabrones, bola de  pendejos, vamos a darle duro de una buena vez, no se me escondan changos!    —Dice un  Daniel  combativo, con machete en mano, quien se ha convertido en un ser particularmente bilingüe, y  le ha tocado moverse en un sitio donde todos quieren hablar y expresarse  en el idioma de Lincoln., desde entonces usa el inglés como intercambio en las calles de los Ángeles,  sólo para sobrevivir, cuenta y el español ha sido un golpe de suerte en su vida , para no ceder ante las exigencias por parte de una mara  cada vez más demandante. Los Nolis, no cejan, ni cejarán jamás sobre la cuestión territorial; ellos han sido durante décadas  y siguen siendo una pandilla de puros blancos, donde el Xólotl ,  quien en un principio fue aceptado por piedad, para que no lo asesinara la mara por traidor, pues era un morrito de escasos 9 años y ya  con órdenes de matar por aquel entonces. ¿ Y qué hizo después? — No había opción, cuando no tienes ya nada que perder  le entras a lo que tu banda ordene, dice el jovencito, balbuceando para sí mismo , al recordar los duros momentos de una niñez devastadora, y  cuyos recuerdos se le vienen encima,como jauría de perros, trastocando la fragilidad de  su memoria; a quien  ahora  es  el corre ve y diles, el office boy,  la mascota oficial  de una de las bandas de más extenso dominio en California.
 A estas alturas, cuando apenas está amaneciendo,y el firmamento es un panorama estelar, ellos aguardan escondidos como sombras tras de las rocas el cargamento que está por  llegar un  de Tijuana en unas horas. El Xólotl pone el radio cerca de su boca  para responder  —Aquí el Xólotl, cambio.
   —Aguarda man, me dice la ruca que andan perdidas, le dice el gallo, por el radio , deja les indico como llegar ,   —Entendido bato ,dice el Xólotl y cuelga. Voltea a ver a su compañero para comentarle lo que también este acaba de oír.
  —Dice El gallo que ya mero llega el  grupo de mamitas  que diga de mulitas,  que se llaman  Las Coquetas y que  vienen desde Tijuana como inmigrantes, van a pasar la merca del Caníbal como mulas  porque no tienen dinero pal coyote ,  la traen cruzando por el desierto   ¿ No te late el corazoncillo Jefe?  
—Y el Coyote somos  nosotros sospecho,  — Pregunta Daniel con preocupación porque sabe que ahí cerca puede anda El Caníbal,   con toda su locura a galope para no perdonarle la vida a cualquier advenedizo o advenediza que no logre llenarle el ojo,en todos los  sentidos , los viola , los mata, les corta genitales para dárselos al nerón su perro y asunto arreglado. 
 — Nice men , chido hombre  ¿ Las Coquetas ?  ¡Sound good !  Sonarme  también pandilleras, no sé porqué ... 
—  Sí lo son,  responde Xólotl con un gesto de sorpresa en su rostro  y agrega:  ten cuidado, Yo sé porqué  te  lo  digo…
—  Pues no las veo cerca,    —Comenta Daniel ajustando sus catalejos con los que mira en lontananza; lleva horas  preguntándole  todos los detalles a su joven amigo, quien fue el que hizo el trato con la banda de Tijuana. 
— ¿ Y a qué le tiran esas o qué? 
— ¿ Como que a qué le tiran pues que no van a traer la merca ?
—No digo...I mean,  ¿Si no hay alguna otra cosa que puedan hacer?
  ! Te roban la cartera en un santiamén!  Te aplican el dos de bastos y ni te das cuenta ¿ entiendes? Pues tú nada más  cuídate porque son bien ladronzuelas … 

—¿ Dos de bastos? … ¡What a Fuck! ¿ Qué jodidos ser eso man?  No mames quien te dijo eso...— dice, y agrega : Pues esas preciosidades  que me roben hasta el corazón si lo desean , comenta  Daniel con sorna,  quien no ha perdido el sentido del humor, a pesar de que el sol ya se ha puesto en lo alto y amenaza con clavarles sus  largas  espinas en la espalda y brazos. Daniel se ha puesto sus gafas oscuras y de paso sus  earphones con los que tararea una rola de los Stoner's , su banda favorita, sigue tranquilo ahí,   estudiando el paisaje,  sacando los catalejos de vez en cuando , está  a la espera de que aparezcan desfilando,  levantando polvaredas con su andar  felino y el montón de  curvas,  bien proporcionadas como se las imagina él , aunque la realidad pinte distinta porque Daniel está consciente del peligro en el que se verían implicadas si de pronto la Border patrol se enterara del grupo de jóvenes que viene surcando los desiertos, y donde francamente suena sospechoso,  verlos navegar  aquel desierto donde un encuentro con la border patrol, le toma unas cuantas horas  y cientos de balas y dólares a la banda , intereses creados,  — murmura él, puro business,  negocios, señala , aunque por otro lado   le guste escapar mentalmente, evadirse sólo por el puro gusto de hacerlo con los ojos y la víscera  del corazón bien abiertos ante cualquier corazonada.  El Xólotl en el fondo lo admira y como  no alcanza a comprender  muy bien  lo que pasa por su cabeza,   pues el gringo es muy hermético de por sí,  hace su típico  gesto de desaprobación, cuando  no entiende nada,  tuerce los ojos como un  pendejo  poniéndolos en blanco y alzándolos al cielo, mientras menea la cabeza con desenfado y lanza un suspiro para incorporarse de la  terracería donde ha estado tendido cual si fuera un lagarto: boca abajo y con los tobillos y pies flexionados hacia arriba. El inmenso calor que oscila entre los 40 y los 43 grados centígrados durante el día  los agota al punto de no poder avanzar mucho en ocasiones.  
— ... Aguarda man..¿Donde dejaste la troca? — Del otro lado de las dunas, ¿Por qué? — pregunta Daniel,
— Tenemos que volver, a ver si aparecen estas niñas por aquel lado,  aunque  déjame explicarte que no  son  éstas las típicas modelos a las que estás acostumbrado  ver me cae , le aclara el Xólotl. Quien sabe si nos llegue con defecto la mercancía…
—  Don’t worry, Tu no tienes  que explicarme nada man, ¿Acaso piensas  que jamás he visto un mexicano o qué ?     —Le dice  Daniel con sorna y cruzándose de brazos, portando  esa extraña sonrisa  a lo George Washington,  su compatriota , el que  sale en el billete de un  dólar,   y que deja ver en detalle toda su fisonomía de gringo, los enormes dientes de conejo que sobresalen  de esa fina y delgada hendidura oval de sus labios que termina en una sonrisa siniestra , incluyendo el montón de arrugas que se le forman al derredor de los ojos, las llamadas patas de gallo que en él lucen de lo más sexy, y le recuerda a su joven compañero  de andanzas  que ama los tacos y ese arroz tan esponjado y tierno con frijoles refritos y milanesa de res, todo esto junto a una coca cola bien fría   que  anhela comer de vez en cuando, porque es su plato favorito y solo lo sirven  en los pocos y verdaderos restaurantes mexicanos que hay en San Francisco, lo demás es puro tex -mex,  puro trash...   — Bueno ya párale que me está dando hambre   —dice  el Xólotl
  —¿ Otra vez?  ¡Shit!
Daniel levanta la vista al cielo, ese cielo del desierto casi color turquesa , durante el día y observa los helicópteros  de la border patrol que se pasean con el objeto  de  arrestar a la mayoría de los  inmigrantes que cruzan todos los días por ese desierto cuidando de no  llegar a ser vistos por los que andan hasta por los aires, con sus helicópteros que pasan por ahí muy seguido , esas aves de rapiña mecánicas , dice y extiende un brazo hacia el cielo como saludando. Y se dirige a su compa del alma para decirle:

—  Oye como que a esta sodita le falta  piquete, insisto  —Dice Daniel, cambiando la conversación  y se apura a sacar la  pacha de bourbon que siempre lleva  oculta en  las bolsas frontales de su hoodie color negro que  francamente le queda  nadando , la cual no se quita ni un momento, ni siquiera  cuando el calor ahoga,  de modo que le protege del frío durante la noche  y  ese sol de la tardes que penetra y le parte la piel  .  Ahora que se siente más aliviado  y ahora más animado quiere seguir platicando con su somnoliento compañero, cuando ya pasan de las tres de la tarde  y  el adolescente se vuelve  frente a  Daniel  quien no tiene todavía más allá de los 30 años ,ha vuelto a echar una rápida ojeada, han estado dormitando y checando con su par de instrumentos  cada lapso de tiempo ,  hasta que  un crujir de pasos a lo lejos , los despierta por completo y los pone en guardia a ellos que habían estado descansando sobre  unos cartones y un montón de cobijas que  semejan una pequeña isla, una alfombra mágica, ... ¡Caray! ¿Qué tal? 
Se levantan inmediatamente para ver el espectáculo . Han comenzado a  tallarse  los ojos somnolientos  para darle la bienvenida al grupo de jóvenes morenas e inmigrantes  que acaban de llegar y están paradas ahora  frente a ellos  sedientas, sucias, desaliñadas , sudorosas – ¡y con un aliento de la shit !  – Dice el   Xólotl quien se les queda mirando ensimismado hasta que  Magda, la que parece ser la líder del pequeño grupo,   se quita uno de los zapatos tenis  que  trae  puestos y le asesta un golpe  con la suela de goma en la cabeza como para terminar de despertar  al joven y le advierte:— Aquí nos dejó el helicóptero  , nos acabamos de bajar pendejo ¿ como la ves?
  El Xólotl voltea a ver al gringo, quien también las observa divertido  y con la boca abierta, más bien sorprendido ante la posibilidad de ver tantas mujeres jóvenes juntas cuya piel café está muy a tono con el espectáculo desértico y queda ensimismado observando aquel grupo de  advenedizas  de arriba a abajo, particularmente  a la mujer que luce ataviada de un montón de ropa que lleva sobrepuesta de su propia ropa, la joven luce estrafalaria con todos esos colores incombinables  además de que a leguas se ve que se viene asando  con todo ese  ensamble de blusas de  múltiples colores que la hacen ver más voluminosa,incluyendo de la falda que trae encima de los pantalones de mezclilla.  Tiene el  cabello negro de donde  pende una gran cola de caballo que le llega hasta la cintura, de aquella piel color canela que brilla aun más con los rayos del  sol   y trae los tenis completamente cubiertos de tierra ya  bien gastadas  por la caminata.

 — ¿ Tienen agua ?  Les pregunta , que viene a punto  ya de echar el bofe junto con sus otras compañeras  y Daniel comienza a aventarles unos botecitos  de ozarka  que va sacando de una hielera ligera color blanco  tanto a ella como a sus amigas, un montón de jovencitas que no deben andar entre  los dieciocho y veinte años,  los van  cachando con sus manos  para prender  sus bocas  de forma automática  al tan anhelado  líquido  en estos momentos en los que  lo único que les  importa   es calmar la sed. 

—Pero siéntense, dice el Xólotl, pásenle a lo barrido –agrega con sorna y Magda, que  acaba de entender el sarcasmo,y cuyo rostro se distiende en tan pocos segundos, pasando de la austeridad y la tristeza, ahora se parte  de risa hasta desplomarse  por completo en el suelo, situación que le dura tan sólo uno segundos porque  poco después su rostro comienza a ponerse rojo, por el calor, como si quisiera darle salida a toda esa   mezcla de emociones que se han apoderado de ella tan repentinas , que su rostro termina adquiriendo  un rictus de tristeza absoluta que la tira al suelo  y abandonada al llanto y que desconcierta tanto al gringo como a  sus demás compañeras, quienes  estupefactas a mirarse entre ellas sin saber que poder decir ante la reacción de la joven .  —Gracias por el agua , —voltea para decirle a Daniel.
 —¿Quieres más?   pregunta éste , completamente desconcertado  sin entender de momento el llanto de la muchacha y el espectáculo de catarsis del que acaba de ser partícipe.  

—Sí gracias dice la joven y cacha el bote de plástico  y se vuelve a prender de él inmediatamente, ,anda tan jodida físicamente ,  que ni siquiera se ha percatado de que Daniel le está hablando en español  y  comienza a aventarles más botes de agua ozarka a las otras chicas  con una sonrisa divertida  ante el hallazgo de darse cuenta de que en realidad, todas son bonitas y chaparritas a excepción de Magda y Gwendy que  aunque son un poco más delgadas, difieren bastante de  las grandes modelos que en un principio él imaginó; pero todas eso sí , ese sol incesante del desierto les ha tostado la piel al grado de que   color canela que le ha gustado tanto a Daniel y que  a ojos vistos , contrasta bastante con su piel blanca  de tono lechoso, que todavía conserva él a pesar de los  incesantes rayos del sol, a juzgar por la multitud de tatuajes que revisten sus antebrazos , espalda y pecho.  —Vaya gracias, de veras que tu amigo es más avispado que tú,  —comenta Magda un poco más repuesta y con una sonrisa que se le dibuja a medias en el rostro.
— ¿ Cómo te llamas güero ? Le pregunta al gringo, mirándolo a los ojos, convencida de que esa apariencia mundana que impera en Daniel en todo momento , de  sus ropas  aunque un tanto raídas, pero aún así de marca banana republic,  del color blanco de  su piel y los ojos de jaguar que han comenzado a cautivarla  y ese color castaño claro de su pelo y que a ella le  huelen a ese "american dream" que representa  el ideal de todo lo que ella ha venido persiguiendo, de todo lo que ella anhela y por lo cual ha tenido que pagar un precio enorme al  tener que cruzar ese monstruoso desierto.
— Daniel, me llamo Daniel Mings , le dice ¿ Y tú?  —Pregunta éste con curiosidad y una sonrisa enorme con dos pequeños hoyitos de lado a lado , con la  que demuestra que ha descubierto algo nuevo que le fascina.
— Me llamo Magdalena Gómez Blanco…. ! Ah hablas español güero ! Wow  qué bien , dice Magda , quien recién se acaba de dar cuenta de que Daniel le ha estado hablando en español todo este tiempo ….
—!Bingo! Dice el Xólotl haciendo un movimiento negativo de cabeza acompañado con su típico gesto que consiste en  torcer los ojos como un pendejo, ponerlos en blanco y elevarlos  hacia el cielo, pero esta vez amargado y envidioso, se aparta donde  las amigas de Magda y los deja platicando solos.
— Very long... Está muy largo, le dice Daniel meneando la cabeza hacia ambos lados.
—¿Verylón qué ?— Pregunta Magda .
—Tu nombre, le dice Daniel, es  muy Largo.
— Achis ¿ a poco sí ?— Le responde Magada sin comprender ni que fregados querrán decir todas aquella palabras que el gringo le ha estado lanzando en inglés desde que llegó.
—¿ Qué tal Meg? ¿ Se te hace bonito ?
— Me Gustaría que mejor lo dejáramos así por el momento, le dice la joven que se siente tan cansada que no  da para más.
 —Bien chicas ¿ Necesitan algo más?  —Pregunta  el Xólotl perdiéndose con el grupo de las  ocho  jóvenes restantes  que lograron llegar  junto con Magdalena Gómez-Blanco. La Nena  , una de ellas , lamentablemente murió de deshidratación en pleno desierto, no aguantó el ritmo del cruce , y la tuvimos que abandonar  a su suerte ,  porque se nos había quedado atrás y tuve que retroceder para ver que estaba sucediendo con ella y para cuando llegué , ella agonizaba , me dijo que le siguiéramos adelante , que  ya no podía acompañarnos pero que en espíritu seguía con nosotros , porque ése había sido nuestro sueño desde niñas , me dijo , luego , ...aaaayyyyy , la chava se retuerce en un lamento doloroso y profundo.   Luego se me hizo bien feo dejarla ahí tirada a su suerte,sin vida en el rostro . —Explica Magda entre lágrimas , que además la dejó en cueros porque eso sí, —venía estrenando ropa la muy jija de su madre, como si fuera a ir a París, siempre fue bien  sangrona ¡ la hija de su ! y pues yo no iba a permitir que se desperdiciara con un cadáver,   así que la desmanteló por completo y es la ropa que ahora lleva sobrepuesta, por eso del  grupo de diez muchachas  que salimos originalmente ya  solo quedamos nueve : La Muñeca, yo,   wendolín González , Lulú,   Librada , Huicha , Nina, Estefanía …. Ah ! y Maruca. ! ¿ Donde estás mujer ? Magda voltea para ubicar a su compañera entre  el reducido grupo y al identificarla la abraza. — !Uff¡  Dice el Xólotl con un tono de compasión en la mirada qué terrible situación. Daniel quedó impresionado con la noticia y con los ojos como platos, acaba de comprender sin embargo, las reacciones de Magdalena ,  aunque no sin justificarla,  en estos momentos no sabe qué hacer ni qué decir el que hasta hace unos  momentos estuvo exigiendo que la mercancía se entregara  completita, ya  no le queda nada por decir y solo se mete las manos a  la bolsa de su chamarra y durante  un silencio sepulcral que dura alrededor de cinco minutos y que se ha apoderado de la escena de inmediato y en el que  Daniel enciende un cigarro y se queda pensativo,  mirando al grupo de jóvenes , encontrando alguna escusa para cuando  el Caníbal  le pida cuentas, mientras tanto observa  de arriba a abajo aquel pequeño grupo de jóvenes sobrevivientes,en el preciso instante en el que todo se detiene silencio como bóveda infinita  las chicas sólo voltean a mirarse entre sí ,  asustadas, saben que hay un problema, que  falta entregar la droga que se quedó dentro del ahora olvidado cadáver  nueva realidad , ni  la enorme maquinaria de la cual han sido  víctimas y que se les vendrá encima, se sienten intimidadas por  la mirada del gringo hasta que  la Gwendy rompe el silencio para preguntarle :    
—  ¿ Te laten mis amigas ?Pregunta con una sonrisa entre pícara  y siniestra . Y agrega,  sin que nadie le pregunte  que de todas, sólo ella se dedica  a la puteada y  las demás compañeras  son carteristas. 
—¿ Ah sí? Pues de entrada me lates tú, —le dice  ¿como ves?  Y el gringo canalla le hace un gesto con la cabeza, que allá detrás de la troca y Gwendy asiente sumisa y camina hacia allá desabrochándose los pantalones. Xólotl se acerca a Daniel y le hace un gesto rápido de manos  y Daniel le responde con otro en el que le advierte  está molesto , — No manches man …. le dice el Xólotl  en voz muy baja. 
— Daniel insiste en que alguien tiene que responder por la droga que falta. —  Estas chavitas tienen que defecar la mercancía y después ya veremos ¿ Entiendes ?—Sí pero va a haber que llevarlas al Gueto y conseguirles ropa y comida y que se bañen las condenadas ¿ No las hueles  ?
 —Ser Ernesto o yo, ¿ What do you choice? Qué elijen, le dice Daniel dirigiéndose  hacia donde está la  Gwendy esperando.
 —Son fregaderas, ¿ Y qué no me va a tocar a mí nada eh ?  —dice el Xólotl herido y cruzándose de brazos volteando para ver al grupo de jóvenes que esquivan su mirada en esos momentos en los que la situación tiende a tornarse álgida   —Pues elije,  —dice Daniel, quien levanta y extiende  una mano hacia  la distancia, mientras se monta a la  Gwendy ahí, a la intemperie y ala vista de sus demás compañeras , sin importarle lo que ellas piensen, Las chicas  están aterradas y avergonzadas, se miran entre ellas nerviosas, la Librada ha comenzado a llorar gimiendo de  de dolor y pena ante semejante atropello .  Daniel le ha pedido  que se calle, amenazándola con darle  también su merecido.
—Tener que terminar dándoles a todas. —dice el güero con una sonrisa horizontalmente perversa.