martes, 1 de marzo de 2016

El camino



Cuando Lucinda despertó sintió el otro extremo de su cama frío.Deslizó una pierna hacia ese otro lado buscando el calor de Daniel   pero no encontró más que ropa metida en bolsas de plástico descansando al igual que ella encima del colchón. Pensó en Daniel, quien de seguro  estaría durmiendo a estas horas en el refugio para varones  de Santa Ana. Se bajó de la cama en el refugio del Santuario y quedó así sentada a eso de las seis de la mañana cuando todavía el sueño le abrazaba y  marcó el número de daniel de modo automático,  Autónoma de vocación, se construyó un nombre con el que ella misma se fue vistiendo cuando supo que el nombre de pila que sus padres le habían otorgado al nacer era tan pequeño y fugaz como las mismas estrellas y debo reconocer que Lucinda Iluminaba el nombre que alguna vez adquirió en las rebajas de un bazar; que le dió un valor intrínseco a la chica y que he llegado a saber tanto de ella que me otorgó  el derecho de ser su vocera.


Poseedora de una sonrisa que devela su amor por la vida  y que llena los mares, la chica divierte además con su andar cadencioso que le ilumina  el esqueleto en cada paso . Tiene un don de gentes y habita dentro de ella algo sobrenatural que le empuja y le da fuerza, porque es intuitiva y escucha de vez en cuando su corazón con sinceridad y atención. Son las voces de la tierra  que le ha visto nacer y crecer hasta dar su fruto, de esta manera, lúcida, ha entendido muy bien su destino. Ella posee también su propia rosa de los vientos que le ha llevado muy lejos  en su andar, cruzando la  frontera. Su fé va en crecimiento y  cuando mira en lontananza su vitalidad bendice su camino.
Así ha venido peregrinando como una hembra herida y salvaje que levanta  su voz para ser escuchada, -pues al que no habla Dios no lo oye- se lo ha repetido  constantemente mientras  transita por ésta y otras ciudades,-  donde   sus pasos y sus pensamientos se adhieren al camino donde ella va en busca de sí misma y del amor que por estos tiempos, -les revelo-, estará   a punto ya de tocar a su puerta.  Si Lucinda Iluminada  se ve esbelta, es debido a la pobreza imperante del wilderness: ese desierto que le ha visto cruzar la frontera y que ha sido todo este tiempo que  ha sido como la negación sobre la que ha transitado su vida; Lucinda  es atractiva e interesante: con sus enormes ojos marrón como vitrales por donde se reflejan sus pensamientos más íntimos y traviesos  que resaltan en ella esa paz que sobrepasa todo entendimiento; esa paz que sólo Dios nos puede dar y que Lucinda ha descubierto en su largo peregrinaje hacia el descubrimiento de sí misma.

Viste siempre con sencillez, es la típica vestimenta de las mujeres de por acá: siempre  jeans y una blusa de manta pa’l calor están bien. Lleva siempre un paño atado a su cabeza que en forma de serpiente desciende de su nuca a los hombros y termina  en la   punta de su escote, para proteger su cabeza del sol intenso. Las delicadas sandalias que calzan sus pies con pedrería barata le roban la atención   a cualquiera en cuanto ella se presenta en escena, y lleva siempre un morral autóctono que cuelga por uno de los costados de su cuerpo, donde guarda sus más preciadas pertenencias y que le acompañan siempre en el  largo peregrinaje hacia el conocimiento de sí misma.
Lucinda, al igual que muchos de nosotros, nació en la hereditaria cuna del idioma español, ese que se enrosca juguetón en las palabras, el idioma del recuerdo, de la conquista bajo los días del nuevo México, del arroz con leche y la sandía roja y jugosa por las tardes de aquel mundo del que tal vez nuestros tatarabuelos  tengan mejores recuerdos que apuntar al respecto.

Lo cierto es que navegar en tan dulces y enredadas corrientes se ha vuelto un gusto y hasta una necesidad de algunos trabajadores  para  la colectividad  hispana, donde aquí el idioma  se impone y tal vez sea  una pesadilla para los nativos americanos (o comúnmente llamados gringos ) a quienes les ha sido difícil dominar esta lengua, tan larga y profunda como el mar cargado de indescifrables matices y audibles y sonoros escarceos que les acarician la consciencia. Por eso cuando Lucinda llega a los Estados Unidos, a la búsqueda del tan anhelado  American way of life, la realidad es desconcertante: Tanta tecnología y los gringos tan poco informados y con la insistente idea de seguir siendo monolingües. - Por esa razón la mayor parte de las veces se quedan con su cara de whaaat? Le oí mencionar esto cientos veces.

Desde pequeña Lucinda tuvo que enfrentarse al abandono del padre, ha pero eso sí, cuando tuvo varios enamorados durante su juventud  rondándola como moscardones, era  él mismo quien hacía todo lo posible por  mantenerlos a distancia mientras  su madre analizaba con la lupa inexorable de las cartas del Tarot, si el sujeto en cuestión provenía de buenas familias o si tenía un buen trabajo, en pocas palabras si era o no conveniente para su hija, recuerdo con el que ha tenido que lidiar siempre y pareciera que el tiempo jamás  había estado girando de su lado, pues gracias a él Lucinda había adquirido una sonrisa contagiosa que a pesar de los años vividos, los descalabros , tropiezos y malas elecciones que hizo en el pasado, había  sobrevivido en sus labios y, aunque ahora era una mujer temerosa del poder de Dios  gracias a que persistía en ella su búsqueda constante , su carácter y disposición se han vuelto bastante sólidos, hablando en términos estrictamente espirituales. Ahora las cosas se aprecian distintas; con la madurez y experiencia que ha venido acumulando a lo largo de su vida.

Fue tejiendo un sentido del humor con el que ha diseccionado  todas las experiencias dolorosas; es ese catalizador que la ha hecho crecer y darse cuenta de las cosas verdaderamente importantes y por las que ha valido la pena luchar siempre.Su espíritu libre y creativo siempre se refugió en la literatura y en particular, la poesía, la cual había comenzado a escribir desde la infancia, y lo hizo bastante bien desde que empezó, así que cuando le llegó la juventud tuvo la oportunidad de ganar varios certámenes de poesía en su localidad, así fue conociendo terreno en el ambiente de las letras hasta llegar a publicar varios libros de poemas , para Lucinda  todas las historias eran interesantes por contar y cuando leía alguna noticia verdaderamente relevante o sorprendente de leer y/o contar e incluso cantar  en los periódicos, la recortaba al instante y la pegaba en su diario de notas, así ha venido  construyéndose una especie de mandala  personal en  el que ella contribuye   escribiendo sus puntos de vista y comentarios al respecto de lo leído en sus páginas. 
Publicado por Lourdes Olmos-Cunningham en 7/09/2013 05:05:00 p. m. 
Reacciones: 

Enlaces a esta entrada  
Enviar por correo electrónicoEscribe un blogCompartir con TwitterCompartir con FacebookCompartir en Pinterest

Etiquetas: Experiences
domingo, 19 de mayo de 2013

No hay comentarios:

Publicar un comentario